8.8.15

Por las nubes

   Llueve. Gotitas chocan contra el vidrio. Ojos que se difuminan y confunden con el agua. Luces, relámpagos, un fuerte torrencial que de a poco va creciendo. Las llamas empiezan a chispear. Fuego, arte, van de la mano. Minúsculos chasquidos que se hacen sentir. Comienza a llover más fuerte. Flamas más y más grandes a medida que pasa el tiempo. Lenguas de fuego. Yo, sentado junto a él, apreciándolo, sintiéndolo, viviéndolo. A veces pienso que siempre estoy entre abrigos de fuego. Camino por un pasillo. El calor que sentía todavía sigue existiendo, aún no se fue. ¿Pero es posible que la existencia se vaya, desaparezca, deje de existir, es decir, sea inexistente? Tropiezo con algo. Por suerte no me caigo. Es más, siempre vivo cayendo, pero esta vez no, simplemente no me caí, apenas si tropecé. Miro atrás y nada. ¿Será producto de mi imaginación? Quizás todo sea eso, nada. Quizás no seamos nada ni haya nada. Negarlo del todo no puedo, siempre habrá lugar para la duda y para el no sé. Vuelvo a caminar. El pasillo parece interminable. Ahora no está lloviendo, parece que en un abrir y cerrar de ojos todo se aclaró. Esto es nuevo. Pasar de un torrencial a un clima primaveral. Salgo afuera. Todo claro, ni una nube. Como si alguien las hubiera soplado desde allá arriba y se hayan esfumado. Está todo muy verde, muy limpio. Nunca había estado antes en este lugar. Es todo muy placentero, muy pacífico.

   Aves revoloteando por ahí, cantando, haciéndose ver. Esto es raro. Me agito un poco, pero el lugar me calma. Es muy tranquilo. No veo a ninguna bestia, solo pajaritos e insectos deambulando por aquí y por allá. A lo lejos un árbol. Es grande, enorme, creo que nunca había visto uno igual. Me acerco. Al parecer es el único árbol a la redonda. Su copa es un tanto extraña. No tiene hojas, ni ramas, ni frutos, ni nada que se le parezca. Es como una nube, sí una nube gris. Está muy alto como para tocarla, quizás debería treparme. Sigo estando lejos, pero lo intento. Nunca había trepado tan alto. Ya estoy cerca. Mis brazos me piden basta, no estoy preparado para tanta altura. Al menos no tanta. Llego a la copa del árbol. Extiendo mi mano y logro tocarla. Tocar... Creo que no la estoy tocando. Cuando lo intento se me escurre entre los dedos. Estaba en lo cierto. Es algo muy nube. Saco mi mano. Ahora está húmeda, mojada. Me asusta. Hasta ahora actué como si no fuera gran cosa lo que está pasando, pero no es normal. Es como un sueño y a la vez no. Es muy real. Creo que no estoy soñando. De vuelta a la duda. No puedo estar completamente seguro de que esto no es un sueño. Quizás lo sea y no me dé cuenta. Quizás los animalitos como yo tampoco se dan cuenta y enfrentan su realidad como otro día y sin más. Mejor bajo. Estar acá arriba es raro. No porque haya subido un árbol, sino por la rareza de la copa. Ya estoy abajo.

   Tanto esfuerzo me cansó. Me acuesto sobre el tronco. Miro el paisaje, me relajo. De repente cae una gota. Miro el cielo y sigue despejado. No entiendo nada. Vuelve a caer una gota y otra y otra. Empieza a llover. Corro, busco un refugio. Ni en los árboles puedo ocultarme, porque no hay más. El único árbol a la redonda fue inútil, no me protegió. Ya no siento la lluvia, como dije, está despejado, ¿pero cómo es posible? Es confuso, ¿qué clase de mundo es este? Nunca creí lo extraño que era hasta ahora. El árbol. En el árbol está lloviendo. Truenos, relámpagos salen de la copa. Llueve, y mucho. Es lindo volver a la lluvia. Tanta paz me sofoca. La lluvia me cambia. Bueno, siento que vuelvo a ser yo. Estoy en mi lugar, en mi sitio.

   Mejor entro. Cierro la puerta. Sigo viendo el árbol a lo lejos. Creo que sigue lloviendo, al menos acá no. Qué raro. Todo esto es muy raro. Camino hacia atrás sin dejar de ver el imponente árbol. Distraídamente vuelvo a tropezar. Esta vez sí me caigo. Ahora me duele todo. Todo me da vueltas. Trato de pararme. Estoy un poco mareado. Levanto la mirada para volver a ver el majestuoso árbol, pero ya no está. ¿Y el árbol? ¿A dónde se fue? Volvió a llover. Volvió aquel torrencial. Volvió a estar gris. Por un lado me alegro, necesitaba este aire. Pero qué extraño. No me lo dejo de afirmar. No sé cuántas veces me lo habré dicho. Todo está siendo muy extraño. Y ese lugar en el pasillo. ¿Por qué me caigo? No hay nada, no veo nada. Pero, ¿por qué tiene que haber algo para que me caiga? ¿Por qué tengo que verlo? Porque si no lo veo, no está. ¿Por qué confiar en los ojos? Lo que sí sé es que me caí y choqué con algo, me tropecé con algo. Ese algo me hizo tropezar. No entiendo nada. La lluvia incrementa. Parece como si hubiera un diluvio allá afuera. Vuelvo a mi lugar junto al fuego. Las ramitas de los árboles alrededor de la casa toquetean el vidrio. Lo hacen vibrar. Todo está vibrando. Se siente un viento penetrante en todas partes. Por suerte las ventanas están cerradas. Yo lo estaba, ahora no. Me siento más abierto. Ese árbol tenía algo especial. No sé si fue una visión o lo que sea que haya sido, ahora ya no está. Ese mundo desapareció, volví a mi cotidianidad, a mi realidad, a la realidad. Ese mundo allá fuera, donde los pájaros cantan, los insectos pasean y los árboles no existen en plural, es cosa divina. No sé cómo decirlo si no es así. Ahora hasta me cuestiono si aquello en verdad pasó. Quizás todo fue una mentira, algo que nunca ocurrió. Quizás siempre estuve acá frente al fuego y solo me quedé dormido. No sé si algún día lo sabré. Lo que sí sé es que me muero por salir y reencontrarme con el árbol, volverlo a trepar, volver a sentir la nube... Ah, ahora que recuerdo, ¡mi mano sigue mojada! Mis zapatillas tienen algo de barro también. Esto en verdad pasó.

   Por un momento creí que me estaba volviendo loco, aunque algo de loco creo estar. El piso quedó todo sucio, pobre el que lo tenga que limpiar. Yo no voy a ser, ni loco. Me sale una risa. De vez en cuando es bueno reír, dicen que revitaliza el alma... Y de repente, desde la pared a mi izquierda, un árbol colapsa y convierte en caos mi pequeño mundo inmortal. Se resquebraja el techo. La lluvia comienza a inundar la sala. Ahora mi techo es gris. Un humo espeso se manifiesta en el aire. No parece tóxico, solo que no me deja ver. Y ahí fue cuando dejé la tierra y nunca volví a pisar el suelo con los pies otra vez. Estoy flotando. Es desesperante, creo que voy a vomitar. No puedo volver. Algo me impulsa hacia arriba. No veo. Entre la lluvia y el humo es imposible. Ahora entiendo, el humo son nubes. ¿Qué clase de pesadilla es esta? ¡Bájenme ahora! Grito, vuelvo a gritar. Nada. Cada vez estoy más alto. Puedo ver a todo el barrio desde acá. Lluvia, viento, ramas, hojas, todo. El sonido ensordecedor del viento pegando en mis oídos. Ya no escucho ni mi propia voz. Creo que ha llegado mi hora. ¿Será que Dios ha hecho que vea todas estas cosas para mentalizarme para este momento? ¿Qué me habrá querido decir? ¿Lo sabré algún día? ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? No quiero morir. Todavía tengo mucho que vivir.

   Veo una luz. La famosa luz que se dice que ven los que están a punto de dar el salto hacia el otro lado. Allá debe estar ese otro lado. La luz cada vez es más y más grande. Bien blanquecina. ¿Quién habría dicho que este iba a ser mi final? Ojalá estuviera con el árbol ahora. Tengo una especie de cariño hacia él. No sé qué le vi, pero quiero estar a su lado. Sentir su presencia, su manera de darme protección. Cada vez estoy más cerca de la luz. Me enceguece. Me da miedo llegar, pero es inútil escapar. Llegué.

   Escucho unos pájaros cantar. Parecen los cantos que hacían los del mundo del árbol. Debo estar en el paraíso. Abro los ojos. ¡Por Dios! ¡Es el árbol! No lo puedo creer. Nunca creí tener tanto afecto hacia alguien o hacia algo. Ahí está, volviste. No me puedo mover, ahora entiendo, este era mi destino. Desde acá arriba lo puedo ver bien. La nube sigue estando ahí, en la copa. Pero ahora está bien blanca. Parece de algodón. Ojalá pudiese volver a treparlo, pero parece imposible. Por lo menos estoy a su lado. Es un sueño, tiene que serlo. Es muy bello para ser cierto. Soy uno como él. Firme de raíz, alto y robusto como él. Parecemos familia, padre e hijo. Le agradezco a Dios haberme destinado esto, o a quienquiera que haya sido. Espero nunca termine y esté acá por siempre. Yo junto al árbol. Yo como un árbol.

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