No ser consciente
de las implosiones silenciosas de los rincones de mi ser.
Yo no sé si, o no les presto atención o si son invisibles a mi percepción. La conciencia. Mis rincones. Ser. Qué imaginación hay que tener para imaginarse como una habitación con sus misteriosos rincones, porque tal parece que la metáfora escapa un poco de ella. ¿Y si nos vendamos los ojos y empezamos a divagar desnudos por los caminos más estrechos de nuestro inconsciente? Qué locura. Es como sumergirme dentro de mí mismo, dejarme atrapar y temer por lo que pueda encontrar allá adentro. Recorrer cientos y cientos de pasillos que, quién sabe, me lleven a alguna parte.
Me gustaría pensar esto con otra metáfora. Imaginemos que a lo largo de nuestra vida, los sucesos y momentos ocurren dentro de un gran laberinto, pero no uno cualquiera. Allí hay miles de caminos, obstáculos, trucos, engaños, gente, risas, penas, todo; pero a veces, sin darnos cuenta, nos olvidamos del objetivo real del laberinto: llegar al centro. Es ese descubrir el significado real y verdadero de la vida. Nunca dije que sea fácil, pero es primordial si queremos entender por qué estamos acá.
Muchas veces te habrá pasado de pensar el porqué de tantas cosas, y algunas de ellas: ¿por qué estamos acá?, ¿por qué existimos?, ¿por qué el por qué? Es inevitable indudablemente. Éstas preguntas y muchas más han cruzado por entre mis entrañas más de una vez, atormentándome y hasta paralizándome. Puedo asegurarte que mi palabra no es santa ni mucho menos, quizás sea una mera opinión, un modo de ver la vida y sus lujos o quizás, simplemente palabrerío abstracto.
El camino para llegar al centro del laberinto no será nada fácil, y más sabiendo lo grande que puede llegar a ser, pero no es imposible y realmente, una verdad sobre nosotros mismos puede ser revelada ante nuestros ojos.
Tengo que confesar que el bombardeo de palabras e ideas en mi cabeza se asemeja bastante a, como yo lo llamo, una "batalla controlada". ¿A qué viene esto? Como dije antes, si quiere uno encontrar su propia verdad y conllevar una vida plena, tiene que llegar al centro del laberinto y abrazarse a él. Ahora la pregunta sería, ¿cómo hago para llegar? Uno puede vivir una vida sin tener que llegar hasta el maldito centro, pero ciertamente no será lo mismo, al menos como trato de plasmártelo. Literalmente, uno tiene que sumergirse en su interior, dejar que tome contacto con vos mismo (con "tu yo externo"). Ni yo puedo creer las palabras que acabo de usar. No es fácil explicarlo, es algo que se tiene que sentir, es como dejarse entregar completamente a tu interior, permitir conocerte y descubrir la verdad, por más terrible que pueda llegar a ser. Cuando liberés esa bestia feroz que llevás dentro, esta tierra será pisada por un nuevo hombre. Cuando llegués al centro, tu mundo encontrará otro sentido, porque ya habrás perpetrado el verdadero sentido. Serás dueño de vos mismo, tendrás control sobre lo que hagas o dejes de hacer, nada ni nadie te va a detener, porque lo peor ya habrá pasado. Ahora sos un alma nueva, un hombre nuevo.
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