2.4.24

A-r-t-e

            Hay algo que se llama arte. A, erre, te, e. Una simple palabra que guarda (y a veces esconde) magia y voces de auxilio, alegría y vida, mística y sabiduría. Pero lo que no muchos saben es que el arte tiene el poder de hablarnos al oído y susurrarnos cosas. Es intrépido, juguetón y veloz. Le gusta tironearnos de los pelos de vez en cuando y llamar la atención casi todo el tiempo; pero te voy a contar un secreto: yo puedo hablar con el a-r-t-e, o por lo menos así se hace llamar. A veces se levanta gritón y malhumorado, otras feliz y con ganas de emocionar y otras tantas de hacer lagrimear a unos cuantos.
             Hay una persona en particular que últimamente me movió el piso, me sacudió, me cantó claramente al oído multitud de cosas. Se pasaba horas cantándome con esa voz difícil de no reconocer. Me transportaba a otro mundo, diciéndolo un poco más poéticamente, pero no estoy muy seguro de a qué mundo me transporta. Es como que me lleva, me tira de los pelos porque es arte y el a-r-t-e a veces tiene la habilidad de sumergirse en algunas personas y expandir todo lo que tiene a su alrededor. Me gusta escucharlo y perder el tiempo a su lado, de no estar haciendo nada y de repente se aparezca para movilizarme un poco. El arte es alguien que me acompaña como la sombra durante las noches de melancolía y penumbra. Es mi amante y a veces me estremezco de lo lindo que es sentirlo cerca. Nos amamos. Sí, lo a-m-o y él me a-m-a. Me encanta dejarme envolver por él y entregarme por completo; pero basta por ahora, no vaya a ser que esto se convierta en un relato entre dos enamorados.

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