Hay tantas cosas bellas en el mundo que ni nos tomamos un minuto en imaginar. Ellas están ahí, esperándonos, esperando que las descubramos y las veamos con nuestros propios ojos.
Hay tanto que conocer que creemos que no hay tiempo para disfrutarlas todas y crecer junto a ellas, pero sí lo hay y la vida nos demuestra que el lugar en donde vivimos es único e incomparable, pues aquí es donde se cumplen todos nuestros sueños.
Disfrutala que no habrá otra. Vive cada día como si fuese el último. Alegrate de las personas que te rodean, porque ellas darían su vida para que sigas junto a ellos. Pensalo, es la vida. Esta vida maravillosa que nos ilumina cada mañana al despertar para poder sentir el aroma de las flores al salir otra vez.
Cerrá tus ojos e imagina, imagina lo grandioso que sería poder hacer todas esas cosas que tanto anhelaste y que si parás un minuto, te vas a dar cuenta que todo es posible, que se puede, vos podés, tan solo mirate un segundo y tarde o temprano será tuyo, estará a tus pies y recordarás este día para siempre.
Pensar un “tal vez” no siempre ayuda, tenés que lograr cada uno de los objetivos que te propongas en esta vida, porque no hay vuelta atrás, no hay tren de regreso, solo tu voluntad de querer lograr ese objetivo, ahora, ¡demuéstralo!
17.8.15
Gol
Él, entre azules y matices pregunta: "¿y el partido?", quedó en blanco, levantó la vista y se calló la cancha. Había amanecido.
El reencuentro
Cuando estaba regando su jardín, un hombre se acerca y le dice al oído: "buenos días". Dejó de regar, se volteó y se convirtió en flor.
8.8.15
Por las nubes
Llueve. Gotitas chocan contra el vidrio. Ojos que se difuminan y confunden con el agua. Luces, relámpagos, un fuerte torrencial que de a poco va creciendo. Las llamas empiezan a chispear. Fuego, arte, van de la mano. Minúsculos chasquidos que se hacen sentir. Comienza a llover más fuerte. Flamas más y más grandes a medida que pasa el tiempo. Lenguas de fuego. Yo, sentado junto a él, apreciándolo, sintiéndolo, viviéndolo. A veces pienso que siempre estoy entre abrigos de fuego. Camino por un pasillo. El calor que sentía todavía sigue existiendo, aún no se fue. ¿Pero es posible que la existencia se vaya, desaparezca, deje de existir, es decir, sea inexistente? Tropiezo con algo. Por suerte no me caigo. Es más, siempre vivo cayendo, pero esta vez no, simplemente no me caí, apenas si tropecé. Miro atrás y nada. ¿Será producto de mi imaginación? Quizás todo sea eso, nada. Quizás no seamos nada ni haya nada. Negarlo del todo no puedo, siempre habrá lugar para la duda y para el no sé. Vuelvo a caminar. El pasillo parece interminable. Ahora no está lloviendo, parece que en un abrir y cerrar de ojos todo se aclaró. Esto es nuevo. Pasar de un torrencial a un clima primaveral. Salgo afuera. Todo claro, ni una nube. Como si alguien las hubiera soplado desde allá arriba y se hayan esfumado. Está todo muy verde, muy limpio. Nunca había estado antes en este lugar. Es todo muy placentero, muy pacífico.
Aves revoloteando por ahí, cantando, haciéndose ver. Esto es raro. Me agito un poco, pero el lugar me calma. Es muy tranquilo. No veo a ninguna bestia, solo pajaritos e insectos deambulando por aquí y por allá. A lo lejos un árbol. Es grande, enorme, creo que nunca había visto uno igual. Me acerco. Al parecer es el único árbol a la redonda. Su copa es un tanto extraña. No tiene hojas, ni ramas, ni frutos, ni nada que se le parezca. Es como una nube, sí una nube gris. Está muy alto como para tocarla, quizás debería treparme. Sigo estando lejos, pero lo intento. Nunca había trepado tan alto. Ya estoy cerca. Mis brazos me piden basta, no estoy preparado para tanta altura. Al menos no tanta. Llego a la copa del árbol. Extiendo mi mano y logro tocarla. Tocar... Creo que no la estoy tocando. Cuando lo intento se me escurre entre los dedos. Estaba en lo cierto. Es algo muy nube. Saco mi mano. Ahora está húmeda, mojada. Me asusta. Hasta ahora actué como si no fuera gran cosa lo que está pasando, pero no es normal. Es como un sueño y a la vez no. Es muy real. Creo que no estoy soñando. De vuelta a la duda. No puedo estar completamente seguro de que esto no es un sueño. Quizás lo sea y no me dé cuenta. Quizás los animalitos como yo tampoco se dan cuenta y enfrentan su realidad como otro día y sin más. Mejor bajo. Estar acá arriba es raro. No porque haya subido un árbol, sino por la rareza de la copa. Ya estoy abajo.
Tanto esfuerzo me cansó. Me acuesto sobre el tronco. Miro el paisaje, me relajo. De repente cae una gota. Miro el cielo y sigue despejado. No entiendo nada. Vuelve a caer una gota y otra y otra. Empieza a llover. Corro, busco un refugio. Ni en los árboles puedo ocultarme, porque no hay más. El único árbol a la redonda fue inútil, no me protegió. Ya no siento la lluvia, como dije, está despejado, ¿pero cómo es posible? Es confuso, ¿qué clase de mundo es este? Nunca creí lo extraño que era hasta ahora. El árbol. En el árbol está lloviendo. Truenos, relámpagos salen de la copa. Llueve, y mucho. Es lindo volver a la lluvia. Tanta paz me sofoca. La lluvia me cambia. Bueno, siento que vuelvo a ser yo. Estoy en mi lugar, en mi sitio.
Mejor entro. Cierro la puerta. Sigo viendo el árbol a lo lejos. Creo que sigue lloviendo, al menos acá no. Qué raro. Todo esto es muy raro. Camino hacia atrás sin dejar de ver el imponente árbol. Distraídamente vuelvo a tropezar. Esta vez sí me caigo. Ahora me duele todo. Todo me da vueltas. Trato de pararme. Estoy un poco mareado. Levanto la mirada para volver a ver el majestuoso árbol, pero ya no está. ¿Y el árbol? ¿A dónde se fue? Volvió a llover. Volvió aquel torrencial. Volvió a estar gris. Por un lado me alegro, necesitaba este aire. Pero qué extraño. No me lo dejo de afirmar. No sé cuántas veces me lo habré dicho. Todo está siendo muy extraño. Y ese lugar en el pasillo. ¿Por qué me caigo? No hay nada, no veo nada. Pero, ¿por qué tiene que haber algo para que me caiga? ¿Por qué tengo que verlo? Porque si no lo veo, no está. ¿Por qué confiar en los ojos? Lo que sí sé es que me caí y choqué con algo, me tropecé con algo. Ese algo me hizo tropezar. No entiendo nada. La lluvia incrementa. Parece como si hubiera un diluvio allá afuera. Vuelvo a mi lugar junto al fuego. Las ramitas de los árboles alrededor de la casa toquetean el vidrio. Lo hacen vibrar. Todo está vibrando. Se siente un viento penetrante en todas partes. Por suerte las ventanas están cerradas. Yo lo estaba, ahora no. Me siento más abierto. Ese árbol tenía algo especial. No sé si fue una visión o lo que sea que haya sido, ahora ya no está. Ese mundo desapareció, volví a mi cotidianidad, a mi realidad, a la realidad. Ese mundo allá fuera, donde los pájaros cantan, los insectos pasean y los árboles no existen en plural, es cosa divina. No sé cómo decirlo si no es así. Ahora hasta me cuestiono si aquello en verdad pasó. Quizás todo fue una mentira, algo que nunca ocurrió. Quizás siempre estuve acá frente al fuego y solo me quedé dormido. No sé si algún día lo sabré. Lo que sí sé es que me muero por salir y reencontrarme con el árbol, volverlo a trepar, volver a sentir la nube... Ah, ahora que recuerdo, ¡mi mano sigue mojada! Mis zapatillas tienen algo de barro también. Esto en verdad pasó.
Por un momento creí que me estaba volviendo loco, aunque algo de loco creo estar. El piso quedó todo sucio, pobre el que lo tenga que limpiar. Yo no voy a ser, ni loco. Me sale una risa. De vez en cuando es bueno reír, dicen que revitaliza el alma... Y de repente, desde la pared a mi izquierda, un árbol colapsa y convierte en caos mi pequeño mundo inmortal. Se resquebraja el techo. La lluvia comienza a inundar la sala. Ahora mi techo es gris. Un humo espeso se manifiesta en el aire. No parece tóxico, solo que no me deja ver. Y ahí fue cuando dejé la tierra y nunca volví a pisar el suelo con los pies otra vez. Estoy flotando. Es desesperante, creo que voy a vomitar. No puedo volver. Algo me impulsa hacia arriba. No veo. Entre la lluvia y el humo es imposible. Ahora entiendo, el humo son nubes. ¿Qué clase de pesadilla es esta? ¡Bájenme ahora! Grito, vuelvo a gritar. Nada. Cada vez estoy más alto. Puedo ver a todo el barrio desde acá. Lluvia, viento, ramas, hojas, todo. El sonido ensordecedor del viento pegando en mis oídos. Ya no escucho ni mi propia voz. Creo que ha llegado mi hora. ¿Será que Dios ha hecho que vea todas estas cosas para mentalizarme para este momento? ¿Qué me habrá querido decir? ¿Lo sabré algún día? ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? No quiero morir. Todavía tengo mucho que vivir.
Veo una luz. La famosa luz que se dice que ven los que están a punto de dar el salto hacia el otro lado. Allá debe estar ese otro lado. La luz cada vez es más y más grande. Bien blanquecina. ¿Quién habría dicho que este iba a ser mi final? Ojalá estuviera con el árbol ahora. Tengo una especie de cariño hacia él. No sé qué le vi, pero quiero estar a su lado. Sentir su presencia, su manera de darme protección. Cada vez estoy más cerca de la luz. Me enceguece. Me da miedo llegar, pero es inútil escapar. Llegué.
Escucho unos pájaros cantar. Parecen los cantos que hacían los del mundo del árbol. Debo estar en el paraíso. Abro los ojos. ¡Por Dios! ¡Es el árbol! No lo puedo creer. Nunca creí tener tanto afecto hacia alguien o hacia algo. Ahí está, volviste. No me puedo mover, ahora entiendo, este era mi destino. Desde acá arriba lo puedo ver bien. La nube sigue estando ahí, en la copa. Pero ahora está bien blanca. Parece de algodón. Ojalá pudiese volver a treparlo, pero parece imposible. Por lo menos estoy a su lado. Es un sueño, tiene que serlo. Es muy bello para ser cierto. Soy uno como él. Firme de raíz, alto y robusto como él. Parecemos familia, padre e hijo. Le agradezco a Dios haberme destinado esto, o a quienquiera que haya sido. Espero nunca termine y esté acá por siempre. Yo junto al árbol. Yo como un árbol.
Aves revoloteando por ahí, cantando, haciéndose ver. Esto es raro. Me agito un poco, pero el lugar me calma. Es muy tranquilo. No veo a ninguna bestia, solo pajaritos e insectos deambulando por aquí y por allá. A lo lejos un árbol. Es grande, enorme, creo que nunca había visto uno igual. Me acerco. Al parecer es el único árbol a la redonda. Su copa es un tanto extraña. No tiene hojas, ni ramas, ni frutos, ni nada que se le parezca. Es como una nube, sí una nube gris. Está muy alto como para tocarla, quizás debería treparme. Sigo estando lejos, pero lo intento. Nunca había trepado tan alto. Ya estoy cerca. Mis brazos me piden basta, no estoy preparado para tanta altura. Al menos no tanta. Llego a la copa del árbol. Extiendo mi mano y logro tocarla. Tocar... Creo que no la estoy tocando. Cuando lo intento se me escurre entre los dedos. Estaba en lo cierto. Es algo muy nube. Saco mi mano. Ahora está húmeda, mojada. Me asusta. Hasta ahora actué como si no fuera gran cosa lo que está pasando, pero no es normal. Es como un sueño y a la vez no. Es muy real. Creo que no estoy soñando. De vuelta a la duda. No puedo estar completamente seguro de que esto no es un sueño. Quizás lo sea y no me dé cuenta. Quizás los animalitos como yo tampoco se dan cuenta y enfrentan su realidad como otro día y sin más. Mejor bajo. Estar acá arriba es raro. No porque haya subido un árbol, sino por la rareza de la copa. Ya estoy abajo.
Tanto esfuerzo me cansó. Me acuesto sobre el tronco. Miro el paisaje, me relajo. De repente cae una gota. Miro el cielo y sigue despejado. No entiendo nada. Vuelve a caer una gota y otra y otra. Empieza a llover. Corro, busco un refugio. Ni en los árboles puedo ocultarme, porque no hay más. El único árbol a la redonda fue inútil, no me protegió. Ya no siento la lluvia, como dije, está despejado, ¿pero cómo es posible? Es confuso, ¿qué clase de mundo es este? Nunca creí lo extraño que era hasta ahora. El árbol. En el árbol está lloviendo. Truenos, relámpagos salen de la copa. Llueve, y mucho. Es lindo volver a la lluvia. Tanta paz me sofoca. La lluvia me cambia. Bueno, siento que vuelvo a ser yo. Estoy en mi lugar, en mi sitio.
Mejor entro. Cierro la puerta. Sigo viendo el árbol a lo lejos. Creo que sigue lloviendo, al menos acá no. Qué raro. Todo esto es muy raro. Camino hacia atrás sin dejar de ver el imponente árbol. Distraídamente vuelvo a tropezar. Esta vez sí me caigo. Ahora me duele todo. Todo me da vueltas. Trato de pararme. Estoy un poco mareado. Levanto la mirada para volver a ver el majestuoso árbol, pero ya no está. ¿Y el árbol? ¿A dónde se fue? Volvió a llover. Volvió aquel torrencial. Volvió a estar gris. Por un lado me alegro, necesitaba este aire. Pero qué extraño. No me lo dejo de afirmar. No sé cuántas veces me lo habré dicho. Todo está siendo muy extraño. Y ese lugar en el pasillo. ¿Por qué me caigo? No hay nada, no veo nada. Pero, ¿por qué tiene que haber algo para que me caiga? ¿Por qué tengo que verlo? Porque si no lo veo, no está. ¿Por qué confiar en los ojos? Lo que sí sé es que me caí y choqué con algo, me tropecé con algo. Ese algo me hizo tropezar. No entiendo nada. La lluvia incrementa. Parece como si hubiera un diluvio allá afuera. Vuelvo a mi lugar junto al fuego. Las ramitas de los árboles alrededor de la casa toquetean el vidrio. Lo hacen vibrar. Todo está vibrando. Se siente un viento penetrante en todas partes. Por suerte las ventanas están cerradas. Yo lo estaba, ahora no. Me siento más abierto. Ese árbol tenía algo especial. No sé si fue una visión o lo que sea que haya sido, ahora ya no está. Ese mundo desapareció, volví a mi cotidianidad, a mi realidad, a la realidad. Ese mundo allá fuera, donde los pájaros cantan, los insectos pasean y los árboles no existen en plural, es cosa divina. No sé cómo decirlo si no es así. Ahora hasta me cuestiono si aquello en verdad pasó. Quizás todo fue una mentira, algo que nunca ocurrió. Quizás siempre estuve acá frente al fuego y solo me quedé dormido. No sé si algún día lo sabré. Lo que sí sé es que me muero por salir y reencontrarme con el árbol, volverlo a trepar, volver a sentir la nube... Ah, ahora que recuerdo, ¡mi mano sigue mojada! Mis zapatillas tienen algo de barro también. Esto en verdad pasó.
Por un momento creí que me estaba volviendo loco, aunque algo de loco creo estar. El piso quedó todo sucio, pobre el que lo tenga que limpiar. Yo no voy a ser, ni loco. Me sale una risa. De vez en cuando es bueno reír, dicen que revitaliza el alma... Y de repente, desde la pared a mi izquierda, un árbol colapsa y convierte en caos mi pequeño mundo inmortal. Se resquebraja el techo. La lluvia comienza a inundar la sala. Ahora mi techo es gris. Un humo espeso se manifiesta en el aire. No parece tóxico, solo que no me deja ver. Y ahí fue cuando dejé la tierra y nunca volví a pisar el suelo con los pies otra vez. Estoy flotando. Es desesperante, creo que voy a vomitar. No puedo volver. Algo me impulsa hacia arriba. No veo. Entre la lluvia y el humo es imposible. Ahora entiendo, el humo son nubes. ¿Qué clase de pesadilla es esta? ¡Bájenme ahora! Grito, vuelvo a gritar. Nada. Cada vez estoy más alto. Puedo ver a todo el barrio desde acá. Lluvia, viento, ramas, hojas, todo. El sonido ensordecedor del viento pegando en mis oídos. Ya no escucho ni mi propia voz. Creo que ha llegado mi hora. ¿Será que Dios ha hecho que vea todas estas cosas para mentalizarme para este momento? ¿Qué me habrá querido decir? ¿Lo sabré algún día? ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? No quiero morir. Todavía tengo mucho que vivir.
Veo una luz. La famosa luz que se dice que ven los que están a punto de dar el salto hacia el otro lado. Allá debe estar ese otro lado. La luz cada vez es más y más grande. Bien blanquecina. ¿Quién habría dicho que este iba a ser mi final? Ojalá estuviera con el árbol ahora. Tengo una especie de cariño hacia él. No sé qué le vi, pero quiero estar a su lado. Sentir su presencia, su manera de darme protección. Cada vez estoy más cerca de la luz. Me enceguece. Me da miedo llegar, pero es inútil escapar. Llegué.
Escucho unos pájaros cantar. Parecen los cantos que hacían los del mundo del árbol. Debo estar en el paraíso. Abro los ojos. ¡Por Dios! ¡Es el árbol! No lo puedo creer. Nunca creí tener tanto afecto hacia alguien o hacia algo. Ahí está, volviste. No me puedo mover, ahora entiendo, este era mi destino. Desde acá arriba lo puedo ver bien. La nube sigue estando ahí, en la copa. Pero ahora está bien blanca. Parece de algodón. Ojalá pudiese volver a treparlo, pero parece imposible. Por lo menos estoy a su lado. Es un sueño, tiene que serlo. Es muy bello para ser cierto. Soy uno como él. Firme de raíz, alto y robusto como él. Parecemos familia, padre e hijo. Le agradezco a Dios haberme destinado esto, o a quienquiera que haya sido. Espero nunca termine y esté acá por siempre. Yo junto al árbol. Yo como un árbol.
7.8.15
Agonizo
Me siento vacío, perdido, olvidado. Alejado de su bienestar, de su ser quién es. Arrastrado hacia un no sé dónde. Esclavizado por un no sé qué. Escucho un zumbido, algo que hace eco. No estoy seguro de donde viene, quizás es de adentro mío.
Es extraño, no lo familiarizo. Su presencia ha irrumpido algo a lo que yo ya estaba acostumbrado. Me empiezan a doler los oídos. El sonido retumba en mi cabeza y no sé qué hacer. Miro bajo mi sábana. No hay nada. Siempre ha habido nada. Solo ese molesto y agonizante zumbido.
Me siento hundido, prófugo en aguas muy profundas. Atormentado bajo una humareda penetrante, sofocante.
Quizás no sea yo, quizás sea algo de allá afuera. Pero si estoy bajo el agua, me estoy asfixiando. Humos, niebla, sueños. Quizás esto sea un sueño. Quizás esté soñando y todo lo que necesito es despertar. ¿Pero para qué? Antes estaba bien, o al menos eso creía. ¿Antes de qué? Del sonido claro. Ah sí, el sonido, el zumbido. Todavía lo oigo. Por un momento lo había olvidado. Ahora es más fuerte. Más perturbador. Más intoxicante... Creo que tengo una plaga acá adentro. Háganme un favor y llamen al exterminador, les estaría sumamente agradecido.
Es extraño, no lo familiarizo. Su presencia ha irrumpido algo a lo que yo ya estaba acostumbrado. Me empiezan a doler los oídos. El sonido retumba en mi cabeza y no sé qué hacer. Miro bajo mi sábana. No hay nada. Siempre ha habido nada. Solo ese molesto y agonizante zumbido.
Me siento hundido, prófugo en aguas muy profundas. Atormentado bajo una humareda penetrante, sofocante.
Quizás no sea yo, quizás sea algo de allá afuera. Pero si estoy bajo el agua, me estoy asfixiando. Humos, niebla, sueños. Quizás esto sea un sueño. Quizás esté soñando y todo lo que necesito es despertar. ¿Pero para qué? Antes estaba bien, o al menos eso creía. ¿Antes de qué? Del sonido claro. Ah sí, el sonido, el zumbido. Todavía lo oigo. Por un momento lo había olvidado. Ahora es más fuerte. Más perturbador. Más intoxicante... Creo que tengo una plaga acá adentro. Háganme un favor y llamen al exterminador, les estaría sumamente agradecido.
5.8.15
Dulce ocaso
Caramelo y miel, dulces melodías para cualquier paladar. Todo fue muy distinto el día en que ellas y muchas más se toparon en mi camino, fue una realidad soñada por los más atrevidos.
Unas rosas cubiertas de chocolate. Unos pétalos que caen sobre un arroyo y en su fluir, tal como si fueran barquitos, se dejan llevar por la corriente.
Un rostro de hojaldre y membrillo. Unos ojos, espejos de un paraíso de azúcar. Montañas de helado. Una transformación sin igual. Azúcar cayendo del cielo. Pequeños dulcesitos en todas partes. Se siente, se disfruta. Una sensación de alegría y paz. Una satisfacción sin precedentes. Todo es armonía. Todo es de color de rosa...
Creí escuchar un quiebre. Una rama romperse y hacerse pedazos contra el suelo que de violeta se pintó. El Sol se torna sofocante, algo pasa. El pasto está cambiando de color, ahora es anaranjado. ¿Qué está pasando? Otra vez esa espeluznante escena de terror. Otra vez llego y todo se vuelve gris. Otra vez un pie en otro lado que se vuelve penoso, abrumador. Otra vez y otra vez. Sólo quisiera volver a sentir ese dulce sabor entre mis papilas. Quisiera poder sentir que todo está bien. ¿Pero cómo asegurarse de que todo está mal? Quizás soy yo. Quizás todo esto es una obra de la naturaleza. Algo que sucede porque sucede. Algo que yo no controlo y pasa porque pasa.
El ambiente ahora es más frío, pero a su vez más caluroso. Huyo porque no sé hacer otra cosa. Mi mundo de caramelo y sonrisas se fue, se esfumó. Las casitas de turrón que antes veía por ahí, ahora se derriten. Las rosas que una vez fueron de un chocolate que tentaría al Diablo, ahora se están muriendo, el calor las está matando. El oxígeno disminuye, o al menos eso me hace sentir. No respiro. Me pierdo. El arroyo es el único lugar donde intentar recobrar fuerzas, pero parece inútil. Ya estoy preso. Creo que siempre estuve preso y recién ahora me doy cuenta. Creo que me estoy muriendo. Solo y desolado como siempre. En un lugar en el que parece haber habido vida, felicidad, pero como siempre tuve que llegar yo. Los pétalos me tuvieron que llevar hasta acá, a morir... ¿Y si ya estaba muerto? Quizás Dios me engañó. ¿Dios? ¿De dónde salió Dios? Te pido perdón aunque no sé si me podés escuchar. Probablemente esté delirando, no sé qué hago, qué digo, qué siento. Lo que si sé ahora es que estuve muerto y ahora lo veo. Tuve que verlo para darme cuenta, pero ni yo puedo confiar en mis propios ojos. Estuve ciego o quizás todavía lo sigo estando. Cómo saberlo. Creo que es mejor decir adiós, olvidarme de todo, especialmente de mí. Oscurecer sin que el alma llore, porque después de todo es lo único que me queda. Ojalá me perdones, alma mía, solo te pido eso. Oscureció.
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