Caramelo y miel, dulces melodías para cualquier paladar. Todo fue muy distinto el día en que ellas y muchas más se toparon en mi camino, fue una realidad soñada por los más atrevidos.
Unas rosas cubiertas de chocolate. Unos pétalos que caen sobre un arroyo y en su fluir, tal como si fueran barquitos, se dejan llevar por la corriente.
Un rostro de hojaldre y membrillo. Unos ojos, espejos de un paraíso de azúcar. Montañas de helado. Una transformación sin igual. Azúcar cayendo del cielo. Pequeños dulcesitos en todas partes. Se siente, se disfruta. Una sensación de alegría y paz. Una satisfacción sin precedentes. Todo es armonía. Todo es de color de rosa...
Creí escuchar un quiebre. Una rama romperse y hacerse pedazos contra el suelo que de violeta se pintó. El Sol se torna sofocante, algo pasa. El pasto está cambiando de color, ahora es anaranjado. ¿Qué está pasando? Otra vez esa espeluznante escena de terror. Otra vez llego y todo se vuelve gris. Otra vez un pie en otro lado que se vuelve penoso, abrumador. Otra vez y otra vez. Sólo quisiera volver a sentir ese dulce sabor entre mis papilas. Quisiera poder sentir que todo está bien. ¿Pero cómo asegurarse de que todo está mal? Quizás soy yo. Quizás todo esto es una obra de la naturaleza. Algo que sucede porque sucede. Algo que yo no controlo y pasa porque pasa.
El ambiente ahora es más frío, pero a su vez más caluroso. Huyo porque no sé hacer otra cosa. Mi mundo de caramelo y sonrisas se fue, se esfumó. Las casitas de turrón que antes veía por ahí, ahora se derriten. Las rosas que una vez fueron de un chocolate que tentaría al Diablo, ahora se están muriendo, el calor las está matando. El oxígeno disminuye, o al menos eso me hace sentir. No respiro. Me pierdo. El arroyo es el único lugar donde intentar recobrar fuerzas, pero parece inútil. Ya estoy preso. Creo que siempre estuve preso y recién ahora me doy cuenta. Creo que me estoy muriendo. Solo y desolado como siempre. En un lugar en el que parece haber habido vida, felicidad, pero como siempre tuve que llegar yo. Los pétalos me tuvieron que llevar hasta acá, a morir... ¿Y si ya estaba muerto? Quizás Dios me engañó. ¿Dios? ¿De dónde salió Dios? Te pido perdón aunque no sé si me podés escuchar. Probablemente esté delirando, no sé qué hago, qué digo, qué siento. Lo que si sé ahora es que estuve muerto y ahora lo veo. Tuve que verlo para darme cuenta, pero ni yo puedo confiar en mis propios ojos. Estuve ciego o quizás todavía lo sigo estando. Cómo saberlo. Creo que es mejor decir adiós, olvidarme de todo, especialmente de mí. Oscurecer sin que el alma llore, porque después de todo es lo único que me queda. Ojalá me perdones, alma mía, solo te pido eso. Oscureció.
Aveces caemos pero siempre debemos levantarnos, ya sea q nos hayamos caido 8 veces hay q levantarse una novena vez y comenzar de nuevo la caminata por el camino de la vida, que tiene varios baches, hay que seguir para adelante con confianza y siempre agradecido con todo, con todos y por todo.
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