Francisco se encontraba viajando en plena Capital Federal sobre los cómodos asientos de un taxi, que prefirió rentar antes que manejar su propio auto como cualquier otro ciudadano que teme por la seguridad de su vehículo.
Como todo joven que se interesa por la literatura, llevaba en el bolsillo de su traje una novela que le habían regalado. Sacó sus lentes y comenzó a leer.
El conductor decidió no molestarlo luego de un pesado día de trabajo recibiendo insultos, burlas de los niños y el vandalismo cotidiano. Para colmo, esa tarde un manifestante le había arrojado una bomba de pintura que impactó en su amarillo y negro. Una enorme mancha naranja sobre el costado derecho; pero eso no le impidió seguir con su trabajo. No pronunció ni una palabra.
Ahí estaba, intentando convencerse de que había llegado el gran día... el día en que dejaría la soltería para volverse el hombre de su querida mujer, Noelia. Se miraba al espejo, fantaseaba con su boda y el resto de su vida con ella. Realmente no lo podía creer, se le hacía difícil entender que ese día marcaría un antes y un después.
- Gire a la derecha - le indicó el joven al conductor.
Detuvo un poco su lectura, por un momento creía que el vehículo iba muy deprisa y que el rostro del chofer no revelaba gestos de tranquilidad, pero lo dejó de lado y echó un vistazo por la ventanilla. El caos del tránsito, los bocinazos y las pequeñas manifestaciones de jóvenes agresivos que protestaban en contra de la violencia pública hacían que el viaje fuera menos llevadero; pero aun así mantuvo una perspectiva optimista, después de todo estaba con lo que más le apasionaba, la literatura. Retomó su lectura...
Se dio una ducha, merendó algo rápido; oyó que golpeaban a la puerta e instintivamente la abrió. Era Doris, la muchacha que lleva los trajes recién lavados a domicilio. Volvió a su cuarto, se vistió y ahí fue cuando volvió a pensar en su prometida. Se preguntaba cómo estaría viviendo ella esas horas antes del momento que quizás sea el más importante de sus vidas. Lo único que quería era poder verla para eliminar esa ansiedad que llevaba adentro desde hacía días. De repente, el taxista se vio obligado a frenar de golpe, unos chicos se habían interpuesto entre el taxi y el auto que iba en frente. Era toda una odisea manejar a esas horas por la avenida llena de manifestantes.
Aparentando serenidad salió de la casa, se suponía que el chofer estaría ahí a las cinco en punto, pero no fue así. Pasaban los minutos y la desesperación comenzó a enloquecerlo. Tenía una personalidad un poco extraña, no habían muchos que quisieran ser como él. Nunca había sido muy paciente y menos si se trataba de su casamiento.
Necesitaba tomar algo... algo que lo tranquilice. No se le ocurrió mejor idea que buscar uno de esos whiskys que siempre traen sus amigos los fines de semana. Qué manera de previarla ¿no?. Siempre se lo había preguntado, pero se le había vuelto costumbre. Al principio fue solo un vaso, pero rápidamente se terminó la botella. No era muy normal que bebiera solo, pero sintió como si lo hubiese hecho decenas de veces. Torpemente caminaba con su botella en mano por la casa, fue hacia la puerta, salió y buscó su auto. Difícilmente pueda saberse en qué estaba pensando en ese momento cuando sacó las llaves y lo puso en marcha. A pesar de su estado, pudo conducir.
Apartó la vista de su novela. El sonido de relámpagos y de una tormenta acercándose lo habían detenido, hasta que en un abrir y cerrar de ojos comenzó a llover sobre Buenos Aires. La gente corría sin un rumbo fijo, desesperada, llevándose a la cabeza lo primero que encontraba para protegerse de la cortina de agua que se aproximaba desde la otra punta de la avenida. La situación se agravaba todavía más, no solo la violencia, ahora también la lluvia. Un diluvio contemplado desde la ventanilla y de pronto el choque.
No paraba de acelerar, era una máquina descontrolada bajo los efectos del alcohol. Se le tensó todo el cuerpo, los pies ya no le respondían, las manos se le habían pegado al volante. Gritaba como un loco atravesando las calles empapadas por ese diluvio. Llegó a ver a unos niños corriendo con su madre para escapar del torrente. Hasta que a lo lejos le pareció ver una figura extraña, no la distinguía bien, pero sabía que no podría evadirla. Estaba a punto de encontrarse con la otra cara de la moneda. No le daría el tiempo ni la fuerza para hacerlo, ya no le importaba nada, un simple retraso estaba a punto de acabar con su vida; hasta que la enorme mancha naranja se interpuso entre él y su futuro.
9.10.15
Semáforo
Colores, pero más que nada grises. Fábricas hundidas en óxido. Un cielo nublado y un auto en movimiento. No estoy al volante, sino en el asiento de atrás. Miro el paisaje. Casas muy humildes de un lado y del otro. A lo lejos, unos edificios. Un puerto por allá, unas vías por acá. Pasamos un puente. Este es otro mundo. El semáforo nos para al igual que al resto. Uno atrás del otro como hormigas en un desfile.
Un hombre de barba canosa y desprolija aparece. Habla, pide algo, pero nos pasa a un costado. Ni nos miró. Ya se puso en verde. Vuelven a girar las ruedas. Una fuente de agua danzando en su escenario. La gente la ignora. Qué difícil debe ser la vida de la fuente. Algo que está ahí pero que no está, porque nadie le presta atención. Creo que me siento como ella, ignorado. La diferencia está en que lo mío fue por un momento, en un semáforo en rojo, lo de ella parece ser desde siempre.
Una palmera a pocos metros. Pequeña porción de naturaleza entre tanto cemento. El gris del cielo se confunde con el de los edificios. Se está haciendo interminable el viaje. Me canso de estar todo el tiempo sentado, inmóvil.
Por allá hay algo de arte urbano. Pequeños signos de color en una ciudad envuelta de niebla. Soy de preguntarme a veces si la realidad se define en ser una simple niebla que le gusta flotar con nosotros y algunos colores que la hacen pasar desapercibida. Ya no sé si es verdad lo que pienso, o lo que escribo. ¿Todo será una mentira? ¿Por qué afirmar lo que nos han dicho toda la vida? ¿Por qué regir el orden tal y como nos lo mostraron? ¿No pudo ser de otra manera? Quizás la verdad ni exista. Quizás estamos envueltos en esta inmensa niebla que abarca todo lo que hay. Desde una hormiga hasta un planeta, una galaxia, el universo entero y todos los universos que hayan, si es que los hay. ¡Qué importa ya! Este otro mundo me llevó a entender que mi otro mundo no es más que la representación de este y de otro y de otro. Mis brazos como pétalos se caen, y ahora son espinas. Creo sentir lo que siente la fuente, porque qué más da si la fuente siente o no. O si la existencia no es más que solo una palabra vacía en una expansión infinita de humo.
Seguimos. Creo que nos perdimos. Paramos a un costado del cordón para mirar un poco nuestro entorno. Bajamos del auto. No tenemos ni idea de dónde estamos. Nadie conoce esta parte de la ciudad. Parece desierta. Ni una sola alma. El cielo está distinto, el color intenso ahora molesta a la vista. Ya no es un gris opaco, ahora es una especie de arcoíris gigantesco. De extremo a extremo sobre el cielo se extienden una variedad impensada de colores. Uno al lado del otro. Rojos, naranjas, verdes, azules y una cantidad de matices por todas partes. "¡Qué cielo más colorido!", dice una señora sentada en un banco de la vereda. Qué raro que no la haya visto antes. ¿De dónde habrá salido? Siento miedo. Es una señora muy mayor de pelo atado, unos dientes por ahí, casi como jugando a la escondida, y un par de lentes muy pequeños. Con su bastón en mano señala algo en el cielo. Miramos en esa dirección y nada. Solo aquél cielo con y sin vida. "Ningún pájaro vuela a estas horas", volviendo a hablar, "debe ser por el frío, mejor que se abriguen.".
Por un momento siento que todo es un sueño otra vez. De a poco pierdo la seguridad de estar en el mundo real, y ahora que lo pienso, también de si esto es un sueño. Quizás haya algo más allá de los sueños. Algo que no tiene nombre. Algo tan desconocido que ni palabra debe tener. Algo que no es ni realidad ni sueño, sino algo más verdadero... La verdad. Ya ni sé si esto que digo será verdad o no. Yo solo veo colores. Me consumen.
El viento empieza a soplar y el frío a sentirse. Ahora veo por qué la señora nos aconsejó que nos abrigáramos. Ya no está ahí sentada. Parece que se fue, pero nadie la vio levantarse, solo desapareció. Los colores del cielo se tornan más oscuros. Los rojos y naranjas ahora parecen marrones. Los verdes un color musgo, los azules casi negros. El resto de los colores también están perdiendo nitidez. Se están desfigurando, perdiendo. Rayos y relámpagos se ven sobre el cielo, parece una batalla campal. Está muy estruendoso todo y el viento no deja de soplar. Hace mucho frío. El auto parece ser la mejor opción. Queremos irnos de este mundo fantasmal. Ya no lo soportamos, creo que vamos a explotar si no partimos pronto. El auto no arranca. Nos quedamos varados en medio de un espectáculo de luces y sombras. Esto es peor que una noche de allá. Éstas noches no se comparan en nada. Son horribles. Mejor corramos, ¿qué otra cosa podemos hacer? Hay que buscar algún lugar para protegerse de este carnaval. Nos tiramos al suelo como por instinto. Un par de hojas de diario sobre nuestras cabezas nos ayudan a pensar en otra cosa. Tratamos de imaginarnos un lugar mejor, de volver a casa. Es una película de terror. El sonido del viento revienta contra nuestras orejas. Es insoportable. Oigo voces que provienen de todas partes. Es todo muy confuso. No entiendo nada, pero sí son voces, algo nos intentan decir. Al parecer el resto también las escucha. Estamos desconcertados. Nos miramos con ojos perdidos, dilatados de horror y con temor a perder mucho más que la orientación. Las voces siguen, cada vez con más fuerza. Hacemos el mayor esfuerzo para encontrarlas, pero no se puede. Siento que el cielo se va a caer sobre nosotros, que vamos a quedar estampados contra el piso como bichos. Dibujados cuidadosamente sobre el pavimento, delineados perfectamente.
Aparece un brazo extendido y una mano que aguarda ser tomada. La sostengo, algo peor que lo que estoy viviendo ahora no creo poder vivir. Sujeto la mano flotante que viene de no sé dónde. Me lleva. El resto queda atrás. Nadie les da una mano. Todos quedan ahí, sin mí. Estoy triste, no quiero perderlos. Son mi familia.
Aparecí en otro lado. La señora mayor que hace rato vimos está acá. Se la ve alegre. A su lado un hombre de unos cuarenta y tantos me dice: "¡Hermano, volviste!". La mujer con ambas manos me sujeta la mía con cuidado. "Sí hijo, volvemos a estar juntos de nuevo." El ambiente acá es acogedor, es más cálido. El cielo vuelve a ser arcoíris, pero mis lágrimas no opinan lo mismo. Los perdí. Quiero volver y tenerlos cerca de nuevo. Significan mucho para mí. Estos son solo unos desconocidos. "Ellos quedaron atrás." Volviendo a hablar el señor. Por la desesperación los empujo y corro. Volví a correr. Todos me miran. No hacen nada, solo me miran. Gente de un lado y del otro posando su mirada en mi corretear. Ya no me siento ignorado. Es más, toda su atención está puesta en mí. Es extraño. Creo que sí puede haber algo peor que estar en ese mundo fantasmal. Al menos estaba con los míos, esto es una pesadilla. Solo quiero volver a casa, quiero despertar.
Veo a un señor con barba. Creo que estoy en el suelo. ¡Es el tipo del semáforo! ¿Qué hace acá? Hay una muchedumbre a mi alrededor que no para de hablar. No se entiende nada. Bocas abrirse y cerrarse emitiendo sonidos y palabras incomprensibles como animales. Me sofocan. Quiero irme. ¿Pero qué pasó? Me duele la frente. Sangre. ¡Sangre! Siento que me asfixio. Las cosas se ralentizan. Todo se mueve más lento, creo que me voy a desmallar. Y justo cuando creí que volvería a caer en la oscuridad, el señor de barba me saca de un tirón de los curiosos. Me alza, me levanta con una fuerza poco creíble. Se aleja de los que no me dejan respirar. Ya estoy abajo en las aguas de una fuente. Con una sonrisa y ojos esperanzados: "Tomá un poco de agua, te va a hacer bien." me dice. "Me llamo Esteban, pero los amigos me dicen Semáforo." No me sorprende para nada. Estoy un poco confundido, más que de costumbre. No sé cómo llegué a esta situación. Estar con signos de sangre y con un viejo a mi lado en una fuente de agua que pocos deben visitar. En un pestañear me acuerdo de los que estaban conmigo. ¿Qué habrá pasado? ¿Por qué estoy como estoy? ¿Qué fue todo aquello que viví hace un momento antes que todo esto? ¿Lo habré imaginado? ¿Lo habré soñado? ¿Quién me asegura que esto no es un sueño o si esto está ocurriendo en realidad? Quizás todo sea una ilusión. Una ilusión que no es provocada por ningún ilusionista, sino que se manifiesta sola, se aparece porque sí. Quizás hasta nosotros somos una ilusión o formamos parte de un gran sueño que nadie sueña.
Chapoteo en el agua. Semáforo está tenso, su cara me lo dice, sus largos cabellos de color blanco y arrugas bien marcadas me lo gritan. Se oyen sirenas de bomberos, ambulancias, patrullas. Todo en el mismo momento. Hay mucha gente por todas partes. Los autos se hacen escuchar con sus bocinas. Parece estar de noche. El cielo está completamente nublado porque no hay estrellas. Lo que más bien parece estar estrellado, es esto que estoy viviendo, o por lo menos, eso creo.
Hay mucho movimiento. Gente que va de acá para allá y que no pareciera que vaya a parar en algún momento. "Dios te sujetó la mano esta noche chico, sino quién sabe dónde andarías.". Esto me dejó todavía más inquieto. Mi respiración se dificulta. El miedo vuelve a invadirme. Solo quiero volver a casa.
A un costado, una torre de fuego se alza sobre la gran ciudad. El humo comienza a llenar mis pulmones. Parece que hubo un accidente. Ojalá que no haya sido tan grave. Hay que creer en que a veces las apariencias engañan, si no decir siempre. Es posible que todo esto sea una apariencia y me esté engañando, nos esté engañando a todos.
Tres personas en camillas separadas son llevadas al interior de un grupo de ambulancias. No llego a distinguir quiénes son porque están bajo sábanas que las cubren. Quizás estemos todos bajo una gran sábana que no nos deja ver del otro lado, pero que sí sabemos que existe algo en ese otro lado por más que no lo veamos. "Pobres hijos de Dios." dice Semáforo. "¿Cómo pasó?", por fin pronunciando unas palabras. "Yo no estaba acá cuando pasó el incidente. Creo que no murió nadie, al menos no todavía. Lo importante es que estás bien y estoy feliz por eso. Hoy soñé que volvía a ser joven y me reencontraba con mi hermano. Falleció hace varios años. Lo extraño tanto. Es muy parecido a vos, y cuando te vi salir expulsado del vehículo, creí que fui tocado por Dios o algo parecido. Me recordás mucho a él. Éramos muy cercanos. Como siempre dicen, la familia es lo primero. Lamento lo que ocurrió con los que estaban en el auto, en serio. ¿Son familia?". "No sé, ¿qué pasó?", volviendo a hablar. "¿No te acordás? Pasó hace unos minutos. Yo andaba pidiendo alguna ayudita para el bolsillo en aquél semáforo. Digamos que ahora es parte de mi familia, si no decir la única que tengo ahora.". Sus ojos se tornaron grises, fijos en el horizonte como añorando tiempos pasados. "Lo bauticé. Siempre vengo por acá para ver cómo anda. Te decía. Andaba por acá cuando el grito desesperado de las ruedas del auto captaron mi atención. Un segundo después, el choque. Fuego y más fuego. Humo. Era un espectáculo de fuegos artificiales, pero sin espectáculo. Tu cuerpo salió del auto antes de chocar. Alguien debió lanzarte desde adentro, o por lo menos a mí me pareció. Y acá estamos. ¿Te sentís bien?." "¡No! ¡Ellos deben ser mi familia! ¡No entiendo nada! Siento que estoy en medio de una pesadilla que imploro se detenga rápido. Dios si me estás escuchando despertame, decime que todo esto es un sueño y nada más. Que con solo abrir los ojos sentir que estoy en casa de nuevo, feliz. Decime que alguien malintencionado solo está jugando con mi cabeza, pero no me digas que esto es real, por favor.". Cierro los ojos bien fuerte, creo que nunca lo había hecho con tanta fuerza como ahora. Vuelvo a abrirlos. ¿Y esto? Dibujos, carteles, autos, gente. Estoy en el auto de nuevo. Parece que desperté. Solo parece. ¿Algún día podré volver a creer en lo real, en una normalidad? ¿Estaremos todos dentro de un gran sueño que se sueña infinitamente? Estoy feliz, por lo menos todo terminó, acabó, creo. Solo creo. Dudas y más dudas. Paramos en el siguiente semáforo. Andamos más cerca. Bueno, ya ni sé a dónde íbamos, da igual, seguro no es tan importante.
Un semáforo se cruzó en mi camino, aquí y ahora, allá y ayer, mañana y por toda la eternidad semáforo me sonrió otra vez.
Un hombre de barba canosa y desprolija aparece. Habla, pide algo, pero nos pasa a un costado. Ni nos miró. Ya se puso en verde. Vuelven a girar las ruedas. Una fuente de agua danzando en su escenario. La gente la ignora. Qué difícil debe ser la vida de la fuente. Algo que está ahí pero que no está, porque nadie le presta atención. Creo que me siento como ella, ignorado. La diferencia está en que lo mío fue por un momento, en un semáforo en rojo, lo de ella parece ser desde siempre.
Una palmera a pocos metros. Pequeña porción de naturaleza entre tanto cemento. El gris del cielo se confunde con el de los edificios. Se está haciendo interminable el viaje. Me canso de estar todo el tiempo sentado, inmóvil.
Por allá hay algo de arte urbano. Pequeños signos de color en una ciudad envuelta de niebla. Soy de preguntarme a veces si la realidad se define en ser una simple niebla que le gusta flotar con nosotros y algunos colores que la hacen pasar desapercibida. Ya no sé si es verdad lo que pienso, o lo que escribo. ¿Todo será una mentira? ¿Por qué afirmar lo que nos han dicho toda la vida? ¿Por qué regir el orden tal y como nos lo mostraron? ¿No pudo ser de otra manera? Quizás la verdad ni exista. Quizás estamos envueltos en esta inmensa niebla que abarca todo lo que hay. Desde una hormiga hasta un planeta, una galaxia, el universo entero y todos los universos que hayan, si es que los hay. ¡Qué importa ya! Este otro mundo me llevó a entender que mi otro mundo no es más que la representación de este y de otro y de otro. Mis brazos como pétalos se caen, y ahora son espinas. Creo sentir lo que siente la fuente, porque qué más da si la fuente siente o no. O si la existencia no es más que solo una palabra vacía en una expansión infinita de humo.
Seguimos. Creo que nos perdimos. Paramos a un costado del cordón para mirar un poco nuestro entorno. Bajamos del auto. No tenemos ni idea de dónde estamos. Nadie conoce esta parte de la ciudad. Parece desierta. Ni una sola alma. El cielo está distinto, el color intenso ahora molesta a la vista. Ya no es un gris opaco, ahora es una especie de arcoíris gigantesco. De extremo a extremo sobre el cielo se extienden una variedad impensada de colores. Uno al lado del otro. Rojos, naranjas, verdes, azules y una cantidad de matices por todas partes. "¡Qué cielo más colorido!", dice una señora sentada en un banco de la vereda. Qué raro que no la haya visto antes. ¿De dónde habrá salido? Siento miedo. Es una señora muy mayor de pelo atado, unos dientes por ahí, casi como jugando a la escondida, y un par de lentes muy pequeños. Con su bastón en mano señala algo en el cielo. Miramos en esa dirección y nada. Solo aquél cielo con y sin vida. "Ningún pájaro vuela a estas horas", volviendo a hablar, "debe ser por el frío, mejor que se abriguen.".
Por un momento siento que todo es un sueño otra vez. De a poco pierdo la seguridad de estar en el mundo real, y ahora que lo pienso, también de si esto es un sueño. Quizás haya algo más allá de los sueños. Algo que no tiene nombre. Algo tan desconocido que ni palabra debe tener. Algo que no es ni realidad ni sueño, sino algo más verdadero... La verdad. Ya ni sé si esto que digo será verdad o no. Yo solo veo colores. Me consumen.
El viento empieza a soplar y el frío a sentirse. Ahora veo por qué la señora nos aconsejó que nos abrigáramos. Ya no está ahí sentada. Parece que se fue, pero nadie la vio levantarse, solo desapareció. Los colores del cielo se tornan más oscuros. Los rojos y naranjas ahora parecen marrones. Los verdes un color musgo, los azules casi negros. El resto de los colores también están perdiendo nitidez. Se están desfigurando, perdiendo. Rayos y relámpagos se ven sobre el cielo, parece una batalla campal. Está muy estruendoso todo y el viento no deja de soplar. Hace mucho frío. El auto parece ser la mejor opción. Queremos irnos de este mundo fantasmal. Ya no lo soportamos, creo que vamos a explotar si no partimos pronto. El auto no arranca. Nos quedamos varados en medio de un espectáculo de luces y sombras. Esto es peor que una noche de allá. Éstas noches no se comparan en nada. Son horribles. Mejor corramos, ¿qué otra cosa podemos hacer? Hay que buscar algún lugar para protegerse de este carnaval. Nos tiramos al suelo como por instinto. Un par de hojas de diario sobre nuestras cabezas nos ayudan a pensar en otra cosa. Tratamos de imaginarnos un lugar mejor, de volver a casa. Es una película de terror. El sonido del viento revienta contra nuestras orejas. Es insoportable. Oigo voces que provienen de todas partes. Es todo muy confuso. No entiendo nada, pero sí son voces, algo nos intentan decir. Al parecer el resto también las escucha. Estamos desconcertados. Nos miramos con ojos perdidos, dilatados de horror y con temor a perder mucho más que la orientación. Las voces siguen, cada vez con más fuerza. Hacemos el mayor esfuerzo para encontrarlas, pero no se puede. Siento que el cielo se va a caer sobre nosotros, que vamos a quedar estampados contra el piso como bichos. Dibujados cuidadosamente sobre el pavimento, delineados perfectamente.
Aparece un brazo extendido y una mano que aguarda ser tomada. La sostengo, algo peor que lo que estoy viviendo ahora no creo poder vivir. Sujeto la mano flotante que viene de no sé dónde. Me lleva. El resto queda atrás. Nadie les da una mano. Todos quedan ahí, sin mí. Estoy triste, no quiero perderlos. Son mi familia.
Aparecí en otro lado. La señora mayor que hace rato vimos está acá. Se la ve alegre. A su lado un hombre de unos cuarenta y tantos me dice: "¡Hermano, volviste!". La mujer con ambas manos me sujeta la mía con cuidado. "Sí hijo, volvemos a estar juntos de nuevo." El ambiente acá es acogedor, es más cálido. El cielo vuelve a ser arcoíris, pero mis lágrimas no opinan lo mismo. Los perdí. Quiero volver y tenerlos cerca de nuevo. Significan mucho para mí. Estos son solo unos desconocidos. "Ellos quedaron atrás." Volviendo a hablar el señor. Por la desesperación los empujo y corro. Volví a correr. Todos me miran. No hacen nada, solo me miran. Gente de un lado y del otro posando su mirada en mi corretear. Ya no me siento ignorado. Es más, toda su atención está puesta en mí. Es extraño. Creo que sí puede haber algo peor que estar en ese mundo fantasmal. Al menos estaba con los míos, esto es una pesadilla. Solo quiero volver a casa, quiero despertar.
Veo a un señor con barba. Creo que estoy en el suelo. ¡Es el tipo del semáforo! ¿Qué hace acá? Hay una muchedumbre a mi alrededor que no para de hablar. No se entiende nada. Bocas abrirse y cerrarse emitiendo sonidos y palabras incomprensibles como animales. Me sofocan. Quiero irme. ¿Pero qué pasó? Me duele la frente. Sangre. ¡Sangre! Siento que me asfixio. Las cosas se ralentizan. Todo se mueve más lento, creo que me voy a desmallar. Y justo cuando creí que volvería a caer en la oscuridad, el señor de barba me saca de un tirón de los curiosos. Me alza, me levanta con una fuerza poco creíble. Se aleja de los que no me dejan respirar. Ya estoy abajo en las aguas de una fuente. Con una sonrisa y ojos esperanzados: "Tomá un poco de agua, te va a hacer bien." me dice. "Me llamo Esteban, pero los amigos me dicen Semáforo." No me sorprende para nada. Estoy un poco confundido, más que de costumbre. No sé cómo llegué a esta situación. Estar con signos de sangre y con un viejo a mi lado en una fuente de agua que pocos deben visitar. En un pestañear me acuerdo de los que estaban conmigo. ¿Qué habrá pasado? ¿Por qué estoy como estoy? ¿Qué fue todo aquello que viví hace un momento antes que todo esto? ¿Lo habré imaginado? ¿Lo habré soñado? ¿Quién me asegura que esto no es un sueño o si esto está ocurriendo en realidad? Quizás todo sea una ilusión. Una ilusión que no es provocada por ningún ilusionista, sino que se manifiesta sola, se aparece porque sí. Quizás hasta nosotros somos una ilusión o formamos parte de un gran sueño que nadie sueña.
Chapoteo en el agua. Semáforo está tenso, su cara me lo dice, sus largos cabellos de color blanco y arrugas bien marcadas me lo gritan. Se oyen sirenas de bomberos, ambulancias, patrullas. Todo en el mismo momento. Hay mucha gente por todas partes. Los autos se hacen escuchar con sus bocinas. Parece estar de noche. El cielo está completamente nublado porque no hay estrellas. Lo que más bien parece estar estrellado, es esto que estoy viviendo, o por lo menos, eso creo.
Hay mucho movimiento. Gente que va de acá para allá y que no pareciera que vaya a parar en algún momento. "Dios te sujetó la mano esta noche chico, sino quién sabe dónde andarías.". Esto me dejó todavía más inquieto. Mi respiración se dificulta. El miedo vuelve a invadirme. Solo quiero volver a casa.
A un costado, una torre de fuego se alza sobre la gran ciudad. El humo comienza a llenar mis pulmones. Parece que hubo un accidente. Ojalá que no haya sido tan grave. Hay que creer en que a veces las apariencias engañan, si no decir siempre. Es posible que todo esto sea una apariencia y me esté engañando, nos esté engañando a todos.
Tres personas en camillas separadas son llevadas al interior de un grupo de ambulancias. No llego a distinguir quiénes son porque están bajo sábanas que las cubren. Quizás estemos todos bajo una gran sábana que no nos deja ver del otro lado, pero que sí sabemos que existe algo en ese otro lado por más que no lo veamos. "Pobres hijos de Dios." dice Semáforo. "¿Cómo pasó?", por fin pronunciando unas palabras. "Yo no estaba acá cuando pasó el incidente. Creo que no murió nadie, al menos no todavía. Lo importante es que estás bien y estoy feliz por eso. Hoy soñé que volvía a ser joven y me reencontraba con mi hermano. Falleció hace varios años. Lo extraño tanto. Es muy parecido a vos, y cuando te vi salir expulsado del vehículo, creí que fui tocado por Dios o algo parecido. Me recordás mucho a él. Éramos muy cercanos. Como siempre dicen, la familia es lo primero. Lamento lo que ocurrió con los que estaban en el auto, en serio. ¿Son familia?". "No sé, ¿qué pasó?", volviendo a hablar. "¿No te acordás? Pasó hace unos minutos. Yo andaba pidiendo alguna ayudita para el bolsillo en aquél semáforo. Digamos que ahora es parte de mi familia, si no decir la única que tengo ahora.". Sus ojos se tornaron grises, fijos en el horizonte como añorando tiempos pasados. "Lo bauticé. Siempre vengo por acá para ver cómo anda. Te decía. Andaba por acá cuando el grito desesperado de las ruedas del auto captaron mi atención. Un segundo después, el choque. Fuego y más fuego. Humo. Era un espectáculo de fuegos artificiales, pero sin espectáculo. Tu cuerpo salió del auto antes de chocar. Alguien debió lanzarte desde adentro, o por lo menos a mí me pareció. Y acá estamos. ¿Te sentís bien?." "¡No! ¡Ellos deben ser mi familia! ¡No entiendo nada! Siento que estoy en medio de una pesadilla que imploro se detenga rápido. Dios si me estás escuchando despertame, decime que todo esto es un sueño y nada más. Que con solo abrir los ojos sentir que estoy en casa de nuevo, feliz. Decime que alguien malintencionado solo está jugando con mi cabeza, pero no me digas que esto es real, por favor.". Cierro los ojos bien fuerte, creo que nunca lo había hecho con tanta fuerza como ahora. Vuelvo a abrirlos. ¿Y esto? Dibujos, carteles, autos, gente. Estoy en el auto de nuevo. Parece que desperté. Solo parece. ¿Algún día podré volver a creer en lo real, en una normalidad? ¿Estaremos todos dentro de un gran sueño que se sueña infinitamente? Estoy feliz, por lo menos todo terminó, acabó, creo. Solo creo. Dudas y más dudas. Paramos en el siguiente semáforo. Andamos más cerca. Bueno, ya ni sé a dónde íbamos, da igual, seguro no es tan importante.
Un semáforo se cruzó en mi camino, aquí y ahora, allá y ayer, mañana y por toda la eternidad semáforo me sonrió otra vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)